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2 años de catalejos

Hoy hace dos años de que me despedí por última vez de mi amama, hoy hace dos años que la sigo teniendo presente, catalejos en mano mirándonos y cuidándonos montada en su avión.

Hace poco me dí cuenta de que Croco, habla de su amama Paquita, de que ve una estrella y me dice que es la amama o de cuándo ve sobrevolar un avión, me dice ¿que falta? y acto seguido responde: la amama Paquita!
Y es que él casi ni la conoció, tenía menos de seis meses cuando falleció y me sorprende tanto que la nombre, que me hace ser consciente de lo que la quiero, de lo presente que está en nuestra vida, aunque ya no esté con nosotras.
Pasa el tiempo y sigo recordando a esa buena mujer, esa que trataba de poner paz aunque fuera a pesar de los pesares, esa que renunció a tanto por los demás;  y que probablemente no recibió tan siquiera lo que se merecía.
Esa amama, que me consolaba, que me escuchaba, con la que podía hablar de lo más íntimo, con la que podía desahogarme, a la que contar mis sueños y mis miedos.
Esa que me entendía a pesar de no hacerlo, la que me dio ejemplos de como ser y de como no ser. Por que el precio que pagó por ser tan buena, yo no estoy dispuesta a sumirlo.
Esa amama que me respetaba y se sentía orgullosa de mi, que me animaba a ser quién quisiera ser y quién (aunque nunca me lo dijo) supe que vivía otra vida a través de mis ojos y de mis actos. Esa que me miraba salirme de lo que para ella era lo debido, y sabía ver con paz esa transgresión que ella no pudo hacer y que yo si hacía, y que con ella se sentía más libre.
Esa mujer, dura y valiente, esa mujer de sonrisas y risas, esa mujer melancólica que miraba por la ventana.
Esa que reía con fuerza, que nos mimaba y nos enseñaba, que nos hacía carantoñas y juegos, que con nosotras se saltaba las reglas y con la que construimos mundos secretos de lo que ahora entiendo por sororidad femenina, ese refugio tan necesario que construimos las mujeres, en la que lamernos las heridas, sacar y secar las lágrimas....Ese mundo secreto que no es visible más que para nosotras, y que aunque nos quieren a veces hacer creer que no existe, es nuestro y no nos lo podrán quitar.
En este rincón donde estas, te veo con tus catalejos, bailando trikitixas y esperándonos con la merienda preparada mirando el mar. Y te aviso para que vayas preparando ese biberón con cafe con leche y mucho, mucho, mucho azúcar, que como las dos sabemos la vida ya es bastante amarga.... Y mañana nos vemos en tu sitio, en ese donde te despedimos por última vez, en ese donde te honramos cada vez que nuestro recuerdo se va a ti.
Amama, te sigo echando de menos. Y te sigo queriendo, tanto, tanto, tanto como querida me has hecho sentir.



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