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Relámpagos de 26 horas que calientan el corazón

Una visita inesperada.
Una llamada de un número extraño que no pretende venderme nada.
Una alegría, corta, efímera y que basta para saber que nos queremos.
Que basta para saber que compartimos un pasado, un presente y un futuro.
Poder hablar como si nos hubiéramos visto ayer, aunque el calendario diga que pasó más de año y tres meses.
Un relámpago de amistad justo cuando más lo necesito.
Un abrazo, risas, canciones, cervezas.
seguir formando parte de una vida compartida en la distancia.
Seguir sintiendo la red conexa que somos, encontrar otros fueguitos que nos recuerdan que no estamos solas, que somos una misma llama en diferentes lugares.
Compartir fases diferentes de quienes fuimos, y seguir sabiendo que nuestras versiones actuales se llevan tan bien como aquellas versiones que fuimos.
Que hay personas a las que estamos unidas por un hilo morado que nos conecta.
Que hay personas que nos escuchan hablar de médicos, de sueños y de utopías.
Que hay personas que nos hablan de sus sueños, de sus retos, de sus avances, de sus vivencias en el extranjero y de sus aprendizajes.
Es conocer Sudáfrica a través de una visita relámpago, conocer sus gentes sin moverme de mi ciudad natal.
acordarnos de cómo éramos hace 10 años, y seguir celebrando que aún nos tenemos...
nada más que decir, hasta mañana (que espero que esta vez ese mañana sea antes de que pase año y medio)
Y sobre todo, gracias por la visita!!! 

Dira, dira zezenak dira.... Toritos y vaquitas 

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