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Días de verano

Escribía hace días sobre la vuelta al trabajo. Vuelta que me ha puesto patas arriba, defendiéndome cual gato panzarriba.
Sigo con el mes y aprovecho para por fin publicar aquello que me rondaba hace casi un mes.... Sintiéndolo presente y buscando esa esplendidez en esta tarde...

Las vacaciones se acaban y se acerca la vuelta al trabajo, al cole y a la A8.
El día 2 se presenta lleno de incertidumbres, de reencuentros con el correo, el ordenador y los compis de trabajo. De ver como cuadramos y hacemos álgebra para poder compaginar, trabajo, escuela, distancia al trabajo, alimentación, abuelas, sueño, economía y social.
Pero bueno, dicen que disfrutar de la vida es cuestión de actitud, de saber ver las pequeñas cosas que la vida nos regala, y yo cada vez estoy más de acuerdo con estas afirmaciones.
Y también creo que es necesario parar para poder disfrutar, para poder ver las pequeñas cosas. Correr está bien, pero no da espacio a saber reconocer todo lo bueno que tenemos, es más, diría que al correr nos metemos en dinámicas de ver lo que nos falta y no de ver lo que tenemos.
Estos días de verano, de calma, me están dando la posibilidad de disfrutar, de saborear y de estar agradecida por lo que la vida me da.
Ayer fue uno de esos días de disfrutar del buen tiempo, de la tierra y la costa, del sol, de comida y de bebida, de olas, de sombrillas, de caballos, de caminatas, de conversaciones, pero sobre todo de buena compañía.
De comunidad. De mis chicos. De mis chicos con otras personas. Día de charlas, de risas, de juegos, de miradas....
Un día normal, y en lo normal espléndido.

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